6. La Edad Moderna I
Incluso en la jurisdicción de las Asturias de Santillana y corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar, el Valle Real de Peñamellera, uno de los cinco valles o entidades político-administrativas que configuran en época moderna la comunidad de los Cinco Valles (Herrerías, Peñarrubia, Val de San Vicente, Lamasón y Peñamellera), repartía su territorio entre el llamado Cueto Alto o Valle Alto/Cuetu Altu o Valle Altu y el Cueto Bajo o Valle Bajo/Cuetu Bah.u o Valle Bah.u. Entre 1514 y 1522, el Valle de Peñamellera formó un corregimiento independiente con la villa de San Vicente de la Barquera; en 1594, en la Junta General del Principado de Asturias del 19 de diciembre se encuentra presente el concejo de Panes, siendo su procurador Juan de Estrada; en 1749, el Valle se integró en el partido del Bastón de Laredo, intendencia de Burgos. Asimismo, en el siglo XVIII, se comprueba la presencia de sus procuradores en la Casa de Juntas de Puente San Miguel (valle de Reocín), donde celebraba sus reuniones la Provincia de los Nueve Valles de Asturias de Santillana. Su Procurador, Diego Marcos de Guerra, también estará presente, el 28 de julio de 1778, en la junta constitutiva de la provincia de Cantabria. Hasta la Guerra de la Independencia, Peñamellera siguió enviando representantes a las Juntas Generales de la provincia de Cantabria.

El Molinu H.ana (Trescares)
El predominio de las actividades agropecuarias y la búsqueda de la autosuficiencia son los dos rasgos definitorios de la estructura económica de Peñamellera durante el periodo moderno. Sujetas a una estricta reglamentación colectiva, las erías -el terrazgo cerealista- más feraces se extendían en las vegas del Cares (Mier) y del Deva (Panes, Siejo/Sieh.u, Abándames); por su situación, sus tierras estaban expuestas a las periódicas crecidas de los ríos. En ellas, los labradores, propietarios y colonos, cultivaban escanda y trigo, cereales que gradualmente fueron cediendo terreno al maíz; de la abundancia de sus cosechas hablan los 42 molinos harineros que enumera, en 1752, el catastro de Ensenada. Los plantíos de calabazas, alubias y hortalizas, el lino y el cáñamo, los frutales (nogales, castaño, avellanos, manzanos, perales…), la producción de miel y cera, la obtención de leña y madera de los bosques y montes comunales, la fabricación de carbón de leña, la caza (liebres, perdices, jabalís…) y la pesca en el Cares y el Deva (truchas, salmones, anguilas y lampreas) eran otros de los pilares que sustentaban la economía familiar y aldeana.
En este marco de extrema autarquía, y, sobre todo, en los pueblos más altos, la principal fuente de riqueza del campesinado provenía de la ganadería. El ganado (vacuno, bovino, lanar, cabrío y caballar) se pastoreaba y se explotaba en régimen de aparcería. Desde la primavera hasta el otoño, los rebaños, se llevaban a los pastos altos de los puertos (majadas y brañas); durante el invierno, bajaban a los pastos bajos o invernales. A su alimentación contribuían también la hierba recogida durante el estío y, una vez levantada la cosecha, la derrota de mieses (las ordenanzas de Mier de 1597 obligaban a mantener cerradas todas las erías hasta el día de Todos los Santos). Cada lugar disponía de corrales públicos y de sus propias extensiones de pastizales, que explotaba mancomunadamente; en ellos había cabañas de invernal para los pastores y el ganado. Los excedentes de carne se vendían en el mercado, siendo su venta eximida por Carlos II, en 1670, del pago de alcabalas. En la primera mitad del siglo XVIII, Cecilio F. Testón sitúa el origen de las ferias de Jana/H.ana, celebradas en Ruenes el 6 de noviembre.
La mancomunidad de los pastos ocasionó frecuentes disputas y prendamientos de ganados entre los pueblos de Peñamellera y sus vecinos de Cabrales y de otros valles cántabros limítrofes; de ellas se conserva una abundante documentación en Abándames, que principia en el siglo XV. Este es el caso del pleito sostenido por los vecinos de la parroquia de Abándames contra los cabraliegos de Sotres -en 1513, ante la justicia ordinaria de Cabrales, y, en 1774, ante la Real Audiencia de Oviedo- en defensa de sus derechos a residir y pastar en el puerto de Escarandi. De ambas causas salió victorioso Abándames. Durante los siglos XVII-XIX, el puerto de Escarandi y el valle de Sobra fueron también objeto de prolongado contencioso entre Abándames y la villa de Tresviso.
Campesinos y pastores ejercían también diversos oficios artesanos: cesteros, retejadores, canteros, sastres, zapateros, carpinteros, herreros y arrieros. En el Valle Bajo, la práctica de la cestería se hallaba muy extendida (Panes, Buelles, San Juan de Ciliergo/Ciliergu y Alevia, donde el catastro menciona también un buen número de retejadores). Esta tradición artesanal no se constata, sin embargo, en el Cueto Alto/Cuetu Altu. Por su parte, en los telares familiares se confeccionaban paños de lana y lienzos de lino y cáñamo, refiriendo Ensenada la existencia de un batán de sayal en Cuñaba. Para el consumo doméstico se producía sidra. La venta de manteca y queso comportaban, asimismo, una importante fuente de ingresos. Se vendían en ferias y mercados, llevándose también a Llanes y a otros mercados, como las ferias de San Pedro de la villa de Santillana del Mar. Las avellanas se destinaban igualmente al comercio.
En cuanto a las labores mineras, la tradicional industria del hierro, de antiguo origen, mantiene su actividad en época moderna; de ello dan prueba las herrerías citadas en las fuentes del siglo XVI y los herreros que nombra el catastro en Alles, Buelles, Merodio/Merodiu y Robriguero. En Cáraves había minas de hierro y en Merodio/Merodiu de cobre. No eran menos importantes las migraciones estacionales que practicaban los hombres para ir a la siega a Castilla (mayo y junio) y las que efectuaban los artesanos -caso de los cesteros o maconeros- por las comarcas vecinas. La emigración definitiva, durante la época moderna tuvo dos puntos de destino: las Indias y Andalucía. Este movimiento incidió en ambos valles, llevándose a los hijos varones mayores de numerosas familias, de tal modo que, a mediados del XVIII, los padrones del catastro evidencian estas ausencias en casi todos los lugares de Peñamellera.
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Fuente:Autor: Ana Belén de los Toyos de Castro
Asturias concejo a concejo, 7
Real Instituto de Estudios Asturianos / CajAstur, 1998

