2. De la Prehistoria a la Edad Media
Tras los milenios de la última época glaciar, los vestigios humanos de esta zona, como ocurre en general en toda la comarca oriental de Asturias, son mucho más parcos, escasamente variados, sobrios en exceso y, por si fuera poco, apenas sometidos a estudio, redundando todo ello en una dificultosa tipificación.

El Paré Nogales (Trescares)
Hace pocos años se descubrió un enterramiento en el abrigo del Paré Nogales, cercano al antiguo camino entre Mier y Trescares. Mal conservado, el cadáver se apoyaba sobre su costado derecho y con las piernas flexionadas cerca de la cara. Junto a él se recogieron algunos restos líticos y faunísticos actualmente en estudio. No está clara ni mucho menos su cronología, aunque atendiendo a la práctica conocida de enterramientos en época epipaleolítica quizá pueda abogarse para una asignación a ese periodo. Debe agregarse que en la pared de1 abrigo se detectaron en esa misma ocasión varios signos plasmados con pintura roja que tampoco contribuyen a esclarecer el contexto del enterramiento en el caso de que ambos estuvieran en íntima relación.
A esa etapa transicional se atribuyen otros restos líticos y conchas marinas aparecidas en los sondeos llevados a cabo en cueva de Cuetu Tresgüel, cerca de Llonín, pero la aparición cerámica puede remitir a un tiempo más avanzado, si es que no se trata de un depósito perturbado.
Entre las raras manifestaciones neolíticas se encuentra el túmulo de La Portilla, emplazado en plena sierra del Cuera a poco más de un kilómetro de su altura más elevada, la Pica Turbina. Esta estructura funeraria, de discreto porte y formada con bloques calcáreos, aboga por el comienzo de la utilización de los altos pastizales del Cuera. No faltan aún, menciones a otros túmulos, como los de Jancagüernica, en Trescares, y Trescuetu, en el camino que atravesando la sierra se dirige a Boquerizu, sin embargo sus pobres características no dejan de comportar serios reparos.
De la localidad de Trescares procede una hermosa punta de lanza de bronce que acabó depositada en el Museo de Prehistoria de Santander. Se desconoce dónde y cómo se encontraba, pero su tubo cónico y aletas la emparentan con el horizonte cultural de las espadas de lengua de carpa, datado en el siglo IX a. C. en pleno Bronce Final.

Posible estructuta tumularia en Cuera
Los silencios que suelen acompañar a la Edad del Bronce regional no se interrumpen al llegar a la Edad del Hierro, ni tan siquiera de los siglos que conocieron la dominación romana apenas se dispone en estas tierras más que de vagas e imprecisas referencias, hecho que denota algo bastante común al extremo oriental de Asturias: rareza de asentamientos y aparente impermeabilidad a las costumbres romanas. Tan sólo recientemente se ha apuntado la presencia de un posible enclave fortificado sobre el lugar de Abándames, pero la inexpresividad de su arquitectura defensiva, la falta de hallazgos y de otro tipo de noticias en nada contribuyen a su ratificación y menos a determinar su hipotética cronología. Lo acabado de decir es extensible al supuesto castro de Llía, cercano a Alles, donde se han querido ver muros y taludes.
A pesar de esta parquedad, se puede especular acerca de si, en un momento avanzado del Imperio, transitaba por los concejos una vía que pudiera unir la Gallaecia con la actual Cantabria.
Ya de tiempos medievales merece la pena consignar los restos del castillo que en su día hubo en el Picu Jana / Hana en la sierra del Cuera y próximo a las localidades de Narganes y Alevia. Las investigaciones corroboraron la naturaleza estratégica del lugar reforzada con la edificación de una muralla, a la que se acoplaban al menos dos torres, y el trazado de dos fosos. Quizás hubiese otro castillo en los aledaños de Ruenes, pero esto habrá de confirmarse en el futuro.
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Fuente:Autor: Yolanda Cerra Bada
Asturias concejo a concejo, 7
Real Instituto de Estudios Asturianos / CajAstur, 1998

