Noticies de Ruenes

Coses del pueblu de Ruenes y la so xente

1. La Prehistoria

Según fehacientes testimonios arqueológicos, el inicio de la ocupación humana de estas tierras se produjo ya en tiempos del paleolítico inferior, aprovechando las inmejorables condiciones de la vega de Panes y su cómoda comunicación con la franja costera. De esa primitiva presencia dan cuenta eméritos investigadores de principios de siglo (Breuil, Obermaier, Alcalde del Río), en lo que fue el pionero reconocimiento de aquel periodo en la región, mencionando el hallazgo de numerosas hachas de mano fabricadas en cuarcita al pie de un abrigo al sureste de Panes, así como en otras localizaciones cercanas.

A pesar de esta temprana presencia, los más ricos vestigios del pasado de la comarca pertenecen a un momento avanzado del Paleolítico superior, y algunos de ellos se acompañan de notables manifestaciones de arte parietal. Entre ellos descuella la conocida como cueva de Llonín -en origen Concha la Cova-, la cual se abre al borde de uno de los arroyos que surcan el pie de la mole del Cuera al lado del valle del Cares. Utilizada hasta hace pocos años para la maduración del queso, el descubrimiento de sus pinturas no se produjo hasta 1971 a cargo del grupo espeleológico Polifemo, habiéndose realizado desde entonces varios estudios, algunos todavía en curso.

Las pinturas de Llonín

Las pinturas de la cueva de Llonín (Llonín)

 A partir de la entrada un pasillo descendente desemboca en una gran sala que acoge en su pared norte la mayoría de las representaciones artísticas, aunque otras se desperdigan por oquedades de la pared oriental y en la galería de acceso. El interés de la estación radica no sólo en ser entre las asturianas la que manifiesta más cuantía de representaciones, sino en la combinación de diversas técnicas pictóricas y grabadas, así como en la sucesión de varios periodos estilísticos superpuestos. Entre el largo centenar de figuras, predominan los cérvidos, seguidos por cápridos, équidos y bisontes, además de diversos signos. Especial singularidad adquieren un gran trazo ondulado o serpentiforme y una esquemática figuración humana que se ha querido asimilar a las venus gravetienses. En la secuencia se han reconocido cinco fases artísticas: figuras rojas, signos negros, grabados con sombreado o estriado interior, pinturas negras y tintas planas asociadas a grabados y, finalmente, grabados finos. Del estudio artístico y de las excavaciones realizadas parece desprenderse un largo periodo ocupacional con elocuentes hitos en el Gravetiense superior, Solutrense superior y Magdaleniense medio y superior.

Se han sugerido similitudes en el estilo de los bisontes con los la cueva francesa de Le Portel dentro de las concomitancias que se desenvuelve el Paleolítico superior cántabro-pirenaico. Entre algunos de los pormenores identificados en las investigaciones en curso, dirigidas por J. Fortea, se citan unos enigmáticos cráneos de pantera rodeados por piedras y en un monto solutrense una dedicación especializada al ahumado y tratamiento de pieles o alimentos.

La cueva de La Loja / La Loha, en las cercanías del lugar de El Mazo / El Mazu, representa otra de las estaciones señeras que ya fue descubierta en 1908, publicándose de manera inmediata lo que la hizo acreedora del reconocimiento internacional. Hacia la mitad de la larga galería de casi un centenar de metros en que se resuelve la cueva, un tramo de la pared derecha a cuatro metros de altura se tiñó con una capa de pintura negra sobre la que se grabaron con trazos realistas varias siluetas de animales principalmente toros y caballos, las cuales destacan debido al contraste provocado por los surcos grabados, que recuran el tono blanco de la roca sobre el fondo negro. El estilo artístico concuerda con el episodio superior y final del magdaleniense, cuyos vestigios materiales se encontraron en boca de la cueva.

El bisonte grabado en Coimbre

El bisonte grabado en Coimbre (Besnes, Alles)

Otro ejemplo notable es la cueva de Las Brujas / Les Bruxes, más tarde llamada de Coimbre, nombre que recibe el monte en el que se encuentra, situado al norte de Niserias, y cuya tardía aparición se debe a dos jóvenes de Alles. Dentro de ella se han identificado hasta cinco zonas objeto de decoración, tanto en zona iluminada como en el oscuro interior. Por medio de un grabado simple y continuo, sólo a veces múltiple, se representó, además de signos lineales y vulvares, un variado elenco animalístico con cérvidos, cápridos, caballos y bóvidos, no siempre completos, que en algunos casos se limitan a las cabezas y existe algún ejemplar acéfalo. Pero entre todas destaca la figura de un bisonte incisa sobre un gran bloque desprendido del techo, tanto por sus dimensiones -1,24 metros de largo- como por sus excelentes rasgos realísticos. Estilísticamente se atribuye el conjunto a las etapas inferior y superior del Magdaleniense. Los niveles arqueológicos fueron muy afectados por la extracción de tierras para el relleno de fincas próximas.

En las proximidades de Cáraves, la cueva de Trauno / Trahunu muestra en la zona de la entrada una serie de grabados que componen bien haces de líneas paralelas, bien rectángulos. Además contiene restos materiales de la ocupación paleolítica del lugar.

También manifestaciones artísticas tiene la cueva de Subores, del tipo de los denominados macarrones consistentes en trazos ondulantes horizontales, verticales y oblicuos.

Ceñido exclusivamente al aspecto habitacional, probablemente de época solutrense o magdaleniense, particular interés reúne la cueva de La Cabañuca en Suarias, descubierta en 1984 pero que pudiera corresponder a la del Sel o del Agua identificada ya a principios del siglo XX, pues se trata de uno de los yacimientos paleolíticos de la cornisa cantábrica a mayor altura -más de 300 metros- en un ámbito con vegas y valles profundos. Restos magdalenienses fueron identificados igualmente en el abrigo de Panes, donde ya se había producido una estancia en el Paleolítico inferior.

El importante conjunto que estos restos super o paleolíticos, representan acreditan el papel de corredor que supuso el valle del Cares-Deva, favorecido por su resguardada configuración, propiciando la penetración de comunidades desde el privilegiado nicho costero, de modo que compone lo que hoy se reconoce como un cinturón de hábitat que, flanqueado por la Sierra del Cuera, discurre paralelo al de la costa hasta enlazar con él a través del río de Las Cabras / el riu les Cabres o, incluso, proseguir a lo largo del Güeña, siempre adaptándose a los cauces de comunicación natural.

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Fuente:
Autor: Yolanda Cerra Bada
Asturias concejo a concejo, 7
Real Instituto de Estudios Asturianos / CajAstur, 1998

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